sep 25, 2013
Miriam

Por qué ser madre te convierte en mejor persona

a em o

El título de esta  entrada me lo dio esta canción que Andrea Echeverri dedica a su hija y que me encanta, “A eme O”, cuya letra dice:

Desde que naciste soy mejor amante /Como si hubieras destapado mis conductos/ Me han crecido los senos, el vientre y las caderas/ Mi cuerpo expandido encontró su motivo/Tú circulaste por mí, hiciste un camino divino/ Abriste un túnel, destapaste mi destino/Tú me has dado el soplo de la creación/ Eres energía, luz del sol /Tú me has deletreado la palabra amor…

Y luego pensé, ¿para qué me voy a meter en este berenjenal de que las madres son mejores personas si cualquiera podría darme un montón de nombres de madres que son auténticas hijas de fruta, y podría ofender a mujeres sin hijos que son bellísimas personas?

Así que he decidido no cambiar el título (¡con lo que me cuesta dar con uno!) y quedarme  con lo importante, “Me han crecido los senos, el vientre y las caderas, mi cuerpo expandido encontró su motivo”. Pues eso. Que ya está bien de vender la imagen de mujeres que a las semanas del parto tienen un cuerpo diez porque no es real. Y creo que con esto será difícil meterme en ningún berenjenal. Porque lo real es que el cuerpo de una mujer que ha sido madre nunca vuelva a ser exactamente igual que antes de la maternidad. Pero desde aquí reivindico que un hijo bien vale una tripita menos plana o un pecho diferente. Y me atrevo a proponer a las mamás una buena terapia para que esto no importe: no poner atención a los cuerpos de famosas ni de jovencísimas que no han sido madres. He pasado estas vacaciones en un destino totalmente familiar,  en el que la playa y la piscina estaban llenas de mamás en bañador y biquini que jugaban con sus niños pequeños, disfrutando de ellos ajenas a la tiranía de un cuerpo perfecto. Las había delgadas y más gruesas, con el vientre más plano y las caderas más redondeadas o con tripita y esbeltas piernas… Y he conseguido relajarme tanto que hasta me he sorprendido vigilando el baño del niño brazos en jarras, las manos apoyadas en la caderas y sacando tripa. ¡Dios, una cosas es una cosa y otra, otra!  Pero hasta esto me lo perdono. ¿Alguien duda de que merece la pena cambiar algo la figura para ganar un hijo?

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