nov 18, 2012
Miriam

No hay parto bueno, pero…

NO PASA NADA. De verdad. No soy especialmente valiente, al revés, bastante quejica. Hasta mi embarazo nunca había sido hospitalizada,  así que la clínica me asustaba un poco. Y mi parto no fue nada fácil (no sé si alguno lo habrá sido), pero aún así no lo recuerdo como algo doloroso o traumático. Estos días me he acordado de él y he querido compartir la experiencia por si hubiera alguna futura mamá temerosa del momento del parto.

Aunque tal vez esas mamás primerizas opten por ignorar ese momento, como hice yo,  y prefieran no leer esto. A mí  no me fue tan mal. Decidí durante todo el embarazo no pensar en el momento del parto ni leer/escuchar nada al respecto.  Los argumentos con los que me convencí fueron:

1. Dicen que no hay dos partos iguales, ¿de qué me va a servir conocer otros?

2. Todas las madres han pasado por ello, así que no será para tanto.

3. Salir tenía que salir, que lo pensara o no no iba a cambiar en  nada las cosas.

Y lo logré, no pensé en el momento del parto. Tengo facilidad para hacerme la sueca con lo que no me interesa, así que ignoré ese momento… hasta que llegó. Y vuelvo a enumerar, esta vez los momentos clave, para desmitificarlos:

1. Las primeras contracciones.  Estaba ya ingresada cuando comenzaron por la noche. Me pusieron oxitocina porque había dudas sobre la salud del niño de cara al parto, así que era previsible que esa noche me pusiera de parto. Cuando llegó la primera la identifiqué con naturalidad (mi temor era no enterarme), conté cuanto tiempo pasaba  hasta la segunda y como era mucho decidí dormirme pensando en la repetida frase “duerme ahora que luego no podrás”. Dormí durante cuatro horas con contracciones.

2. El dolor. Cuando comenzaron a ser más continuas y molestas, llegó la bendita epidural y no recuerdo tener un dolor insoportable. Ni siquiera en el momento del parto cuando el niño no salía, ni con ventosas, ni con forceps, y tuve a tres matronas sobre mi tripa. Al final, salió, como todos.  Fue incómodo, claro, pero no insoportable.

3. Cuando ves su cara se te olvida todo. No por repetida la frase tiene que ser cierta.  No creo que esa sea el motivo por el que no tengo recuerdos dolorosos del parto. El bebé no paraba de llorar y en ese primer  momento se siente más angustia por él que alegría, creo yo. Solo se me ocurrió cantarle, como hice durante el embarazo, para ver si lo recordaba y se tranquilizaba.

4. El post-parto. En mi opinión, lo más duro del parto es lo que viene después. Y dura muuuchos meses.  Pero ese no es el tema de este post. Y este blog está repleto de “dolores post-parto”.  Aunque aquí si puedo decir que cuando ves su cara, se olvida todo.

Y tú, ¿cómo recuerdas tu parto?

Social Media Icons Powered by Acurax Website Redesign Experts