Cuando algo sale mal
La maternidad es bella. Tierna. Natural.
Todas las mujeres nos lanzamos a ella de cabeza, con ilusión e inquietud al mismo tiempo, pero hasta que estamos realmente encinta no sopesamos los peligros que conlleva. Como todo acto natural está vinculado a las leyes de la Madre Naturaleza, y a veces se frustra.
Constantemente vemos a nuestro alrededor plantas, flores que nacen, se reproducen y mueren. Animales devorados por otros dentro de eso que se llama equilibrio del ecosistema. Cachorros que no salen adelante, el débil desaparece mientras el fuerte prevalece. Son las leyes de la naturaleza que es tan sabia que elimina aquello que no tiene visos de continuidad. Y como animales que somos, los humanos estamos sometidos a las mismas reglas. Implacables y traicioneras.
En un embarazo a veces las cosas no salen bien. Unas veces van un poco mal, otras bastante mal y en ocasiones son fatales. No quiero deprimir ni desilusionar a nadie, pero me gustaría transmitir un apoyo a esos proyectos de madres y padres frustrados, cuyo producto ha sido barrido por las leyes naturales.
¿Qué es lo primero que hacemos las mujeres cuando damos a luz, recién nacido nuestro bebé? Espiramos profundamente, aliviadas, y damos gracias a “aquello” en lo que creamos.
Pero hay mujeres y hombres que tras meses con la respiración entrecortada no pueden espirar tranquilos. A los que no les llega el aire a los pulmones durante mucho tiempo. A los que la vida les da una bofetada y caminan con la cara marcada para siempre.
Es un golpe tan duro que nada se puede decir para reparar el dolor. Sueños rotos, nombres perdidos, habitaciones vacías, muñecos huérfanos.
Un hijo es el centro del universo para los padres. Todo se difumina, todo queda en segundo plano cuando un hijo se presenta en tu vida e impone sus normas. Y un hijo frustrado es un agujero negro, de antimateria, en ese universo personal.
Y quizá, si la Sanidad se diera más prisa, si las pruebas se aceleraran, si los profesionales no relativizaran ‘eso que llevan haciendo las mujeres de forma natural durante siglos’, si no se convirtiera un embarazo en un simple trámite…, sólo quizá, alguna de esas tragedias podría evitarse.
Hay veces que las cosas van mal y a unos pocos especialistas en la materia se les escapa porque, como ocurre en todos los trabajos, la rutina hace que no prestemos atención a determinados detalles. Pero un despiste de un facultativo es mucho más grave que un despiste de un tendero.
No pretendo demonizar la profesión pero me gustaría reclamar agilidad. En esas pruebas básicas gracias a las cuáles se determina la viabilidad de un proyecto, por ejemplo. Atención ante patologías que se toman como normales pero esconden una enfermedad grave.
A veces la vida de madre e hijo corren peligro, y no estamos en la selva pariendo sin ayuda. La Medicina obra verdaderos milagros y es capaz, en ocasiones, de burlar a la puñetera Madre Naturaleza. Pero para eso hay que estar siempre alerta. Como hacen los animales en su hábitat. Para sobrevivir.
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Totalmente de acuerdo, juana. Un homenaje para todos aquellos proyectos que no han salido para adelante. Ánimo a todos esos padres que siguen intentándolo. Todo nuestro apoyo!
Qué buen tema, Juana. Es así, por desgracia, muchos sueños y muchas ilusiones se quedan por el camino. Perder al hijo que esperas es muy duro y marca para siempre. Algún día escribiré yo también aquí sobre esto. Un beso.